La ciudad de Mataró tiene su origen en la época romana, dando constancia de ello la vila romana de Can Llauder de finales del siglo I a. C., que quedaba a las afueras de las murallas de la antigua ciudad romana de Iluro, nombre romano de Mataró. Se han encontrado recientemente por todas las calles del núcleo antiguo restos de Iluro, quedando a la vista en alguna céntrica plaza cimientos de casas e incluso zonas de alcantarillado.
La aspiración continua de deshacerse de la jurisdicción feudal, en el siglo XVI, hizo crear una defensa permanente de la villa para la seguridad de sus habitantes. En 1480 el rey Fernando el Católico otorgó el privilegio de incorporarse definitivamente a la Corona, que representaba también la formación definitiva del municipio de Mataró. Durante el siglo XVI quedó terminada la muralla.
En el siglo XVI, Mataró era una pequeña villa medieval edificada alrededor de la iglesia de Santa María y de la Plaça Gran (Plaza Mayor). Su importante y progresivo crecimiento económico y demográfico hizo necesario y a la vez posible la construcción de una segunda muralla y la incorporación de nuevos espacios urbanos.

Las murallas de Mataró, construidas entre 1569 y 1600 fueron proyecto del ingeniero real Jorge de Setara. Se pueden ver tramos de la muralla actualmente en las calle Muralla dels Genovesos (recientemente restaurada), la calle Muralla D’en Titus, la calle Muralla de la Pressó y por encima del Camí Ral.
El proyecto de enmurallamiento de la villa se prolongó más de treinta años a causa de la escasez económica y las disputas sobre el trazado de ésta. En el momento de levantar los muros, parte de la ciudad que correspondería al Camino Real (Camí Ral), quedó excluida del perímetro, con las consecuentes quejas de vecinos y propietarios. La muralla, hecha de piedras de medidas no muy grandes y pegadas con mortero de dos partes de arena y una de cal, no era excesivamente sólida, hecho que fue demostrado, cuando alguno de los vecinos derribó parte con relativa facilidad.
La muralla disponía de siete portales y accesos, el más destacado era el de Barcelona (actual Riera con plaza Santa Anna), del cual se reproducen los escudos del Principado, de Mataró y de Barcelona. Los escudos originales actualmente figuran sobre la “celda” dedicada a San Sebastián. Del portal de Valldeix todavía se puede percibir la silueta de la fachada de la casa que hace esquina entre las calles de La Coma y de Sant Francesc d’Assís. Los otros portales eran los de Argentona, Cabrera de Mar, San José, Feliu, el Pou de la Sinia y la Penya d’en Roig o Portalet.
A principios del siglo XVIII se comenzó a explotar desde esta localidad el caladero de la costa Occidental de Huelva, culminando con la fundación de La Higuerita (actual Isla Cristina) por parte fundamentalmente de mataroneses y otros catalanes.

Historia de las infraestructuras de Mataró

Cabe destacar que Mataró en el pasado no sólo tuvo la primera línea de ferrocarril de España (1848), sino que en julio de 1969 se inauguró la segunda vía de peaje y la primera autopista de este tipo del Reino de España, Barcelona – Montgat – Mataró.

Economía

El sector textil

La industrialización de la ciudad arranca en el año 1839, cuando se instala el primer motor a vapor para accionar una fábrica de hilados. Desde este momento el sector textil, de antigua tradición artesanal, se sitúa en el centro de la actividad económica. Atrae inversiones de capitales foráneos y mano de obra de las zonas agrícolas catalanas. La ciudad abandona la etapa agraria para entrar de manera decidida hacia finales del siglo XIX en el mundo industrial. El sector textil había sido hasta finales del siglo XX la columna vertebral de una ciudad que, a causa de la competencia de las producciones orientales, ha tenido que rehacer su modelo económico, convirtiéndose en un importante centro de servicios.

La agricultura

Como la mayoría de las poblaciones de la comarca, la viña era antiguamente la base de la agricultura local, pero la invasión de la filoxera a finales del siglo XIX redujo considerablemente la superficie dedicada a la viticultura. Gracias a la repoblación de las cepas con esquejes americanos, más resistentes a las enfermedades, la viña todavía tuvo bastante importancia hasta bien entrado el siglo XX. En 1945 la superficie era aún algo superior a la del regadío.
Paralelamente a la regresión de la viticultura se fue incrementando el cultivo de regadío, sobre todo a partir del momento en qué se utilizó la energía eléctrica para la extracción de las aguas subterráneas. La plataforma cuaternaria que limita con el mar, formada por la acumulación de arenas y gravas procedentes de la disgregación del granito, resulta muy propicia para el cultivo de regadío, tanto por la existencia de capas freáticas, como por la buena permeabilidad de los suelos.
Pero no todo ha sido fácil: el labrador ha tenido que reconstruir muchas veces los caminos, explanarlos, nivelarlos, buscar el agua a mucha profundidad, canalizarla debidamente y modificar la calidad de los terrenos.
Las zonas de huerta más fértiles se encuentran en la llamada Plana de Sant Simó y Cinc Sènies por el lado oriental, y el Pla d’en Boet, con el Rengle y el Camí del Mig, hasta la riera de Argentona, por el lado de poniente. En esta última dirección es donde la acción urbanizadora ha engullido más parcelas dedicadas a la horticultura. Hay también parcelas de huerta sitas a mayor altura, pero no tienen la importancia de los lugares llanos.
Hasta no hace mucho, la cosecha de la patata temprana era una de las principales en la región. Su cultivo arrancaba del fin del siglo pasado y se había consolidado hacia 1910 con la adopción de la semilla inglesa Royal Kidney, que era la que se adaptaba mejor a esta clase de producción hortícola en orden a la exportación, y que hizo que en 1932 se declarara obligatoria la denominación de origen Mataró Potatoes para esta clase de tubérculo obtenido en la comarca y las zonas limítrofes. La lechuga Trocadero y el guisante también fueron objeto de exportación.
Hacia 1952 se introdujo en Mataró la producción de los claveles que poco después pasaría a ocupar bastante extensión de terreno, pero más bien como alternativa, junto con otros cultivos. La producción floral, pues, es exigua y se combina con los cultivos de huerta tradicionales (coles, coliflor, brócoli, escarolas, pimientos, judías, cebollas y patatas), pero se han mejorado las técnicas de la agricultura intensiva (invernaderos, lugares de sombra, riego por aspersión), con lo cual la horticultura mantiene su peso económico dentro del municipio.
En 1986 había cultivadas 144 ha de secano y 913 ha de regadío, con los siguientes cultivos: 27 ha de cereales, 14 de legumbres, 203 de tubérculos, 90 de flores, 48 de forrajes, 50 de frutas, 545 de hortalizas, 3 de viña y 77 de otros.[cita requerida] En la actualidad, hay más de 180 ha de secano y 1023 de regadío con el mismo tipo de cultivos que años atrás. Sin embargo, Mataró ha evolucionado tecnológicamente de forma drástica y tiene uno de los mejores campos de cultivo de España, siendo una ciudad agraria de las más destacadas dentro de la Península. Las máquinas, provinentes de Francia, estuvieron diseñadas por primera vez por Miquel Coll (agrícola), famoso agrícola francés que diseñó un nuevo tipo de sistemas de conservación del ambiente en los invernaderos.

Talleres mecánicos

Los talleres mecánicos especializados en la construcción de máquinas para género de punto fueron muchos en los años 1960, junto con varias empresas especializadas en el trabajo con hierro. La industria metalúrgica era un gran puntal de la economía de la ciudad, después del género de punto. Unas 3000 personas se dedicaban a desarrollar diferentes actividades: torneros, fresadores, rectificadoes, afinadores, delineantes, soldadores, montadores o pintores
La calidad de las máquinas que se construían en Mataró estaba reconocida mundialmente, las empresas exportaban a países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Japón entre otros.[cita requerida]. Los talleres disponían de una oficina técnica que diseñaba nuevos modelos para que las máquinas contemplaran las últimas tecnologías del momento para asegurar la continuidad y el futuro de la empresa.
A finales de los años 70, las nuevas máquinas incorporan controles por circuitos electrónicos, lo que provocó que las industrias metalúrgicas y sus productos quedaran obsoletos. Ese cambio tecnológico provocó el cierre de todos los talleres mecánicos, así como aquellas industrias auxiliares que trabajaban para ellos. Actualmente Mataró no dipone de ningún taller de maquinaria textil.
El Museu Fundació Vilaseca conserva muchas de esas máquinas, algunas auténticas obras de arte, en una de las colecciones de maquinaria textil más importante de Europa.

El Turismo

A pesar de ser la capital de la Costa del Maresme (uno de los puntales del turismo catalán), no cuenta con una excelente red hotelera. Pero cabe destacar un amplio puerto y diferentes visitas guiadas, como por ejemplo la ruta del mar, la ruta modernista, la visita guiada al conjunto barroco de los Dolores y la visita a la villa romana de Torre Llauder. Aunque ahora se está haciendo ver con nuevos hoteles y guías. Lo que le hace destacar en la Costa del Maresme, teniendo en cuenta que la ciudad es bastante bonita. Su link de turismo es Mataró Ciutat Mediterrania. Consta con más de diez visitas audioguiadas desde 2010, y diferentes monumentos romanos exquisitos en valor histórico nacional: Banys Romans d’Iluro (baños romanos de Iluro), Vil·la Romana de Can Cruzate (Villa romana), Vil·la Can Palauet (torreón romano), Vidreries de Can Cruzate (cristales romanos), Vil·la del Nord (villa romana), Muralla de Can Xammar/Muralla dels Genovesos/Muralla d’En Titus/Muralla de La Pressó (murallas romanas), Ferreteria Romana (horno de una ferretería romana), Torre de Can Tria de Mata (tore romana), etc.